Última actualización: 25/03/2024 16:14 (hora España peninsular)

En su ensayo autobiográfico en torno a la experiencia vivida en el campo de concentración de Buchenwald, La escritura o la vida, Jorge Semprún afirma que a veces hay que hablar en nombre de los náufragos para devolverles la palabra. El cortometraje documental Mi Holocausto, Philomena Franz (David Navarro, 2023) encarna perfectamente este último aserto: devolver la palabra, otorgar voz a una superviviente del horror más grande de nuestra historia reciente, el holocausto nazi. Concretamente, a uno de los genocidios que más ha costado visibilizar mediáticamente: el exterminio del pueblo gitano o porraimos. Sin embargo, es precisamente en ese “hablar en nombre de los náufragos” señalado por Semprún, donde una duda nos surge al reseñar el cortometraje de David Navarro: ¿quién habla en Mi Holocausto, Philomena Franz?

Conocida es la sentencia del filósofo Theodor W. Adorno por la cual después de Auschwitz, la poesía ya no era posible. No se refería a que no fuera posible ninguna forma de poesía, sino a la visión idealista y romántica del arte, basada en el escapismo y la trascendencia de lo real. Al contrario, tras el holocausto nazi y los horrores generados por la II Guerra Mundial (como fueron los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki), toda forma artística que no diera cuenta del dolor humano experimentado por las víctimas del siglo XX sería tan cínica como banal.

 

El cortometraje se basa en una entrevista a Philomena Franz, superviviente al campo de concentración de Auschwitz durante la II Guerra Mundial. Fuente: feelsales.

 

Mi Holocausto, Philomena Franz pretende huir de dicho escapismo y tornar la vista directa sobre el dolor. Mediante una entrevista a Philomena Franz, superviviente al campo de concentración de Auschwitz durante el período de guerra, víctima del nazismo por pertenecer a la etnia gitana sinti, el documental plantea un breve recorrido por la experiencia personal del exterminio nazi. No por menos se ha utilizado el pronombre personal en el título: “Mi Holocausto”, pues se trata de una reconstrucción esencialmente memorística, construida a base de los recuerdos expresados verbalmente por la misma Philomena.

Vuelve entonces la duda surgida al inicio de esta reseña: ¿quién habla en Mi Holocausto, Philomena Franz? Para determinarlo, hay que analizar antes la propia enunciación de la pieza.

La narración de la obra se apoya en tres características básicas: 1) el uso del plano medio y primer plano para la entrevistada; 2) la mostración de imágenes de archivo histórico (del holocausto, de la comunidad gitana a principios del siglo XX, de los soldados norteamericanos); y 3) la incorporación de viñetas o animaciones que simulan recuerdos. Las dos últimas (imágenes y viñetas animadas), como acostumbra el formato documental, funcionan a modo de “montaje probatorio” de lo que la voz en off de Philomena nos relata sincrónicamente. Así, además de las múltiples filmaciones de víctimas reales de los campos de concentración, llegamos a ver un dibujo grisáceo de una joven atormentada en la esquina de una celda cuando Philomena narra su primera encarcelación, o una viñeta animada de su encuentro con los soldados americanos tras cruzar un puente.

De esta manera, el genocidio del pueblo gitano en Europa, que supuso 220.000 víctimas mortales aproximadamente (19.000 de ellos muertas en Auschwitz), se sustenta ya no solo en el relato verbal de la protagonista, sino en la crudeza y veracidad de las imágenes históricas. Lindando entre la subjetividad más pura (véase el bucólico recuerdo de infancia con el que abre su relato Philomena, cuando vivía junto a su familia y comunidad gitana; o el ejercicio poético de montaje, cuando la mujer parece cantar en directo a los soldados americanos de 1945 tras la liberación) y la objetividad más llana (los cadáveres hacinados, consecuencia del exterminio), el cortometraje se erige como invaluable documento fílmico del dolor individual y colectivo.

 

El cortometraje se erige como incontestable documento fílmico del dolor individual y colectivo ante el nazismo. Fuente: Pexels.

 

A diferencia de lo que ocurre en una autobiografía literaria, donde se puede hablar en primera persona sin equívocos, el documental cinematográfico está inevitablemente asociado a un distanciamiento que roza la objetividad de las cosas: la cámara siempre parece hablar en tercera persona. Por eso, a diferencia de lo que ocurre en Entre el amor y el odio (1985), la autobiografía de Philomena donde relata su experiencia en Auschwitz, el cortometraje de David Navarro, pese a que tome en su literalidad la voz de la entrevistada, evidencia una segunda voz que se superpone a la primera.

He ahí, efectivamente, donde se revela el papel del equipo de realización que se oculta tras Mi Holocausto, Philomena Franz y, por ende, donde puede vislumbrarse el compromiso ético de los autores. Es aquí, también, donde debe rastrearse ese “hablar en nombre de los náufragos” indicado por Semprún. Precisamente, gracias al respeto hacia las declaraciones de Philomena, dejada hablar en secuencia sin apenas cortes, ambas virtualidades se tornan virtudes. Nos encontramos, pues, ante una obra comprometida, que habla en nombre de las víctimas al tiempo que les otorga voz, que vuelve al pasado desde un presente honesto.

Desgraciadamente, Philomena Franz murió el 28 de diciembre del 2022, no sin antes dejar el presente testimonio audiovisual para el recuerdo de las generaciones venideras. Es curioso que un 28 de diciembre también se realizara la primera proyección de cinematógrafo en el París de 1895. Parece que los recuerdos filmados de Philomena componen, además de un documento histórico invaluable, una metáfora del propio cine y su capacidad para materializar, no sin cierto dolor, el paso del tiempo.

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Referencias

Adorno, Theodor (1962). «La crítica de la cultura y la sociedad», en Prismas. Barcelona: Ariel.

Franz, Philomena (2021). Entre el amor y el odio. Zaragoza: Xordica.

Navarro, David (2023). Mi holocausto, Philomena Franz.

Semprún, Jorge (2015). La escritura o la vida. Barcelona: Austral.

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